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Causas Síntomas Diagnóstico
Tratamiento Prevención
Neumonía
Enfermedad
pulmonar de origen infeccioso que afecta principalmente a
niños menores de 2 años y ancianos, y según
su gravedad puede llegar a ser mortal. Se trata de una infección
o inflamación aguda del parénquima pulmonar,
que comienzan a llenarse de líquido y exudado purulento,
lo que interfiere con la entrega de oxígeno a la circulación
sanguínea y los tejidos, afectando el metabolismo celular.
La neumonía comunitaria – primera causa de muerte
por enfermedades infecciosas en Chile y el mundo - se clasifica
según su etiología en cuatro tipos:
Bacteriana: puede comprometer a cualquier persona, mediante
bacterias que ingresan al paciente cuando sus defensas se
encuentran débiles. Lo que hacen estos microorganismos
es inflamar los sacos de aire de los pulmones (alvéolos),
hasta sobrepasarlos y diseminarse hacia otras partes del cuerpo.
Los principales patógenos respiratorios en niños
y adultos son el Streptococcus pneumoniae (ocasiona 50% de
los episodios de neumonía) y Haemophilus influenzae
(más frecuente en fumadores).
Viral: causa frecuente de neumonía especialmente en
la población infantil durante el período de
otoño-invierno. Por lo general, con un tratamiento
adecuado, no son graves ni persisten por un período
muy prolongado, sin embargo, su elevada contagiosidad obliga
a aislar a los enfermos. En los adultos, la mayoría
de los afectados poseen enfermedades preexistentes (ej: diabetes,
cardiopatías, insuficiencia renal), o son mujeres embarazadas.
Agentes atípicos: son infecciones respiratorias de
evolución aguda o subaguda ocasionadas por Mycoplasma,
Chlamydia o Legionella. Este tipo de neumonía suele
comprometer ambos pulmones y ser de gravedad moderada, con
bajo riesgo de muerte.
Otros patógenos respiratorios: la infección
pulmonar por Pneumocystis carinii en pacientes inmunosuprimidos
(quimioterapia por cáncer y trasplante de órganos)
o portadores del virus del SIDA, la tuberculosis aún
es frecuente en el medio nacional. Otras causas menos comunes
de neumonía son aquellas causadas por la aspiración
de polvos, gases tóxicos, alimentos y líquidos
(neumonía aspirativa).
Causas 
La
neumonía tiene como causa variados microorganismos
y gérmenes, entre ellos bacterias, virus, micoplasmas,
sustancias químicas y otros agentes menos comunes,
como el Pneumocystis carinni en huésped inmunocomprometido,
que alcanzan al pulmón mediante la inhalación
de gotitas de saliva que transportan el patógeno, aspiración
de secreciones de la vía oronasal o faringe, y menos
frecuente por la circulación sanguínea desde
otro foco infeccioso a distancia.
Las vías respiratorias cuentan con mecanismos de defensa
que evitan la llegada de gérmenes al pulmón:
la tos, células con cilios que eliminan las partículas
que alcanzan los bronquios, y células especializadas
del sistema inmune que nos defienden de la agresión
de los microorganismos, como los linfocitos, neutrófilos,
macrófagos y la producción de anticuerpos. Los
mecanismos de defensa del individuo pueden debilitarse debido
a la presencia de enfermedades pulmonares, renales o hepáticas
crónicas, deficiencias en los procesos de inmunización,
alcoholismo, tabaquismo, diabetes y desnutrición.
Los microorganismos que producen la enfermedad también
pueden afectar a los pulmones a través de la circulación
sanguínea, desde otras áreas del cuerpo (piel,
sistema urinario, vesícula y vías biliares,
entre otras).
Los resfríos comunes y la gripe o influenza mal cuidados
también pueden complicarse con una neumonía.
Síntomas

- Fiebre elevada
- Escalofríos
- Tos productiva
- Dolor torácico profundo
- Rigidez muscular
- Respiración rápida y superficial
- Náuseas, vómitos y pérdida de apetito
- Dolor de Cabeza
- Sudoración excesiva
- Expectoración amarrillo-verdosa
- Dificultad para respirar (ahogo)
Diagnóstico

La neumonía se diagnostica mediante el cuadro clínico
y los siguientes exámenes de laboratorio:
- Radiografía de tórax: infiltrados pulmonares
de reciente aparicióno.
- Hemograma: aumento de los glóbulos blancos en respuesta
a la infección.
- Gases arteriales: disminución de la oxigenación
sanguínea.
- Cultivo de esputo, sangre y líquido pleural: identificación
del agente causal.
Tratamiento

En
los pacientes jóvenes sin otras afecciones puede bastar
con la administración de antibióticos –los
que pueden ser orales- para sanar neumonías bacterianas
y acelerar la recuperación de las originadas por micoplasma.
En el caso de las neumonías virales no existen tratamientos
basados en medicamentos, solo medidas generales tales como
el reposo, régimen liviano, abundantes líquidos
y empleo de antitérmicos en caso de fiebre.
Si el enfermo sufre de alguna afección crónica
(ej: diabetes, cardiopatía, insuficiencia renal, asma,
enfisema) o posee poco oxígeno en la sangre, debe ser
hospitalizado para que se le administren oxígeno y
antibióticos intravenosos.
Además es necesario controlar la fiebre con aspirina
o acetaminofeno (excepto en niños menores), disminuir
la actividad física y a veces reposo en cama, tomar
líquidos para facilitar la eliminación de las
secreciones bronquiales que produce esta patología.
Prevención

- No fumar: el consumo de tabaco favorece las infecciones
respiratorias
- Vacunación de la población de riesgo (mayores
de 65 años y portadores de enfermedades crónicas)
contra la influenza a comienzos de otoño
- Vacunación de la población de riesgo contra
el neumococo cada 3-5 años (principal causa de neumonía)
- Vacuna contra el Haemophilus influenzae B, para prevenir
esta enfermedad en niños menores (lactantes)
- Uso de máscaras al limpiar lugares con polvo, moho
u hongos
- Lavarse las manos (después de cocinar, comer, ir
al baño o cambiar pañales)
- Evitar el contacto con individuos con infecciones respiratorias
altas (resfrío, amigdalitis, bronquitis) de origen
viral, debido a la elevada contagiosidad y favorecer el
desarrollo de neumonías en población de riesgo
(ancianos y enfermos crónicos)
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