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Tuberculosis

La tuberculosis es una enfermedad que ataca principalmente a los pulmones, pero que puede afectar cualquier parte del organismo, en especial los ganglios de todo el cuerpo, riñones, huesos, cerebro (meningitis), corazón (pericarditis), piel, abdomen (peritonitis, enteritis), etc. Es una infección bacteriana causada por un bacilo, el Mycobacterium tuberculosis, que se contagia al respirar el aire contaminado por la tos y expectoración de un enfermo.

Cuando los bacilos llegan al pulmón la mayoría de las veces son destruídos por las defensas del individuo. Pero, en uno de cada 10 casos, el sistema inmunológico no puede detener su crecimiento y se produce la enfermedad.

Sin tratamiento, la tuberculosis causa la muerte de por lo menos la mitad de los enfermos, dejando a muchos de los que son capaces de defenderse de la infección con distintos grados de invalidez. Sin embargo, el tratamiento basado en una quimioterapia apropiada, es capaz de curar a todos los que lo siguen regularmente, por el tiempo necesario para matar a todos los bacilos.

En los niños pequeños la tuberculosis puede ser más grave –450 mil niños fallecen al año en países en vías de desarrollo- pero, aplicando un buen tratamiento todos ellos pueden curar, sin dejar secuelas.


Causas

Esta enfermedad se activa cuando, luego del ingreso de las bacterias al organismo –a través de estornudos o tos de otro infectado-, el sistema inmunológico no puede detener el crecimiento de éstas.

El mayor riesgo de contraer tuberculosis se corre al respirar durante un prolongado tiempo los gérmenes de otro enfermo.

Cuando las bacterias alcanzan el pulmón se forma un granuloma que, sólo en el 5% de los casos en que aparece, termina por convertirse en la infección denominada tuberculosis.


Síntomas

  • Tos con flema que se prolonga por más de dos semanas
  • Decaimiento y fatigabilidad fácil
  • Fiebre variable, frecuentemente por las tardes
  • Sudoraciones nocturnas
  • Pérdida de peso
  • Dificultad respiratoria
  • Expulsión de sangre por la boca (hemoptisis)

Diagnóstico

El diagnóstico de tuberculosis depende de la demostración de los bacilos tuberculosos en el esputo de una persona que presenta tos y expectoración por un período de dos o más semanas.

La enfermedad puede ser sospechada mediante la radiografía de tórax, pero para confirmar el diagnóstico debe demostrarse la existencia de bacilos ácido-alcohol-resistentes en el examen directo de expectoración u otras secreciones del cuerpo, o bien por el cultivo de ellas.

Cuando los exámenes del esputo son negativos y se sospecha que el enfermo puede tener una tuberculosis, puede ser necesario practicar más cultivos de la expectoración, broncoscopías o biopsias de los órganos comprometidos.

Tratamiento

Los enfermos nuevos, que nunca antes han recibido medicamentos, se tratan con una asociación de antibióticos muy efectivos durante un período de seis meses.
Los enfermos que han sido tratados anteriormente deben recibir otros medicamentos durante dos años.
Las personas que están infectadas (reacción de tuberculina o PPD (+)) y que se sabe que tienen alto riesgo de desarrollar la enfermedad, deben recibir un medicamento preventivo (isoniazida), durante nueve meses.
En todos estos casos es indispensable que los enfermos sigan regularmente el tratamiento, sin ninguna interrupción.

Prevención

  • Vacunación con BGC al nacer
  • Administración de isoniacida (quimioprofilaxis) en los niños en contacto de enfermos contagiosos.
Sociedad Chilena de Enfermedades Respiratorias